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Cyteen 1 - La Traicion
  • Текст добавлен: 26 октября 2016, 21:27

Текст книги "Cyteen 1 - La Traicion "


Автор книги: C. J. Cherryh



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–Entra —dijo Marge—. Te está esperando.

Una señal en el registro. Eso era todo.

Abrió la puerta y encontró a Yanni en el escritorio.

–Ser.

Yanni levantó la vista y Justin se preparó.

–Siéntate —invitó Yanni con voz muy tranquila. Dios, Dios,pensó Justin, totalmente fuera de control. Se dejó caer en la silla y se sintió tenso y nervioso.

–Hijo —dijo Yanni con más tranquilidad de la que él le creía capaz—, ¿cómo estás?

–Bien —dijo él, una sílaba, cuidadosa, casi tartamudeada.

–Armé un escándalo cuando me enteré —dijo Yanni—. Llegué hasta la oficina de Denys y de Petros y de Giraud. Por lo que tengo entendido, dejaron que Grant estuviera presente.

–Sí, ser.

–Petros puso eso como orden absoluta de ahora en adelante en tus registros. Y mejor será que obedezcan. Oye una cosa: lo grabaron, no en los archivos de Seguridad, pero la grabación existe. Si la necesitas, la tienes. Giraud lo prometió, hijo. Esta mañana están muy razonables con todo este asunto.

Justin lo miró con los ojos muy abiertos, vacíos y una sensación desoladora de que tenía que haber un posterior examen, de que lo estaban preparando para algo. Grababan, de eso estaba seguro. Uno confiaba en alguien y ahí mismo lo traicionaban.

–¿Esto es otro examen de voz? —preguntó, para que se lo dijera directamente.

La línea que había entre las cejas de Yanni se hizo más profunda.

–No. No. Quiero explicarte algunas cosas. Las cosas están muy, pero que muy difíciles en la oficina de Giraud en este momento. Mucha presión. Van a tener que destapar el secreto. La época de infancia ha sido perfecta. Quería advertirte, que ya se lo han dicho a Ari, al menos le dijeron que no es la hija biológica de Jane Strassen y que es una réplica de una persona que se llamaba Ariane Emory, que para ella es sólo un nombre. Así que esa presión va a desaparecer bien pronto. Tiene un brazo roto y bastantes chichones. Se lo contaron todo mientras estaba bajo el efecto del trank para que al menos pudiera mantener la reacción inicial en el nivel emocional, donde pudiera controlarlo, por lo menos a medias, para que lo aceptara en el nivel glandular antes de empezar a hacerse preguntas con esa función lógica suya tan aguda y persistente, supongo que ya te habrás dado cuenta de ello. Te lo digo porque fue a verte antes y te volverá a visitar para pedirte información. Si va, no te asustes. Sigue los procedimientos, llama a la oficina de Denys y explica a Ari que no tienes más remedio que hacerlo, que Seguridad se enfadaría mucho si no lo hicieras, lo cual no es ninguna mentira.

Justin respiraba mejor ahora, se dijo que todavía era una trampa, pero al menos el asunto había adquirido una forma definida, una calamidad pospuesta para un futuro inconcreto.

–¿Sabes cómo se enteró Jordan de esto? —le preguntó a Yanni.

–Lo llamé anoche. Dijo que estaba bien, que estaba muy preocupado por ti. Ya sabes, hay muchas cosas que no se pueden comunicar por teléfono. Le dije que estabas bien, que lo llamaría hoy otra vez.

–Dile que estoy bien. —Justin sintió que se estaba aferrando al brazo de la silla, los dedos apretados con una fuerza que se había convertido en dolor. Los aflojó, tratando de relajarse—. Gracias. Gracias por llamarlo.

Yanni se encogió de hombros, suspiró y bromeó:

–Sospechas mucho de mí, ¿verdad? Justin no contestó a esa pregunta.

–Escúchame, hijo. Puedo aguantar muchas cosas, pero sé cómo trabajas y sé que no tuviste nada que ver con la niña, que fue la maldita insistencia de Giraud que quería revolver de nuevo una mente que vale más que dos o tres de las que hay por aquí y no es necesario recurrir a mi opinión profesional para verlo. Giraud tiene demasiada prisa, mierda, no le importan los procedimientos, no le importa la ley, no le importa nada que se interponga en su camino. —Yanni respiró hondo—. No me provoques. Te llamé para decirte que Denys acababa de poner tu investigación en el presupuesto. No dispondrás de grandes sumas, claro, pero tendrás la mitad de trabajo que en el proyecto Rubin y se te concederá tiempo de ordenador en Sociología, no mucho, pero algo. Llámalo sentimiento de culpabilidad por parte de Administración. Llámalo lo que quieras. Vas a mandar los informes a través de mí a Sociología, a través de Sociología a Jordan, y varias veces al año volarás a Planys. Ésas son las novedades. Pensé que tal vez te daría algo alegre en que pensar. ¿De acuerdo?

–Sí, ser —dijo Justin después de un momento, porque tenía que decir algo. Lo más peligroso del mundo era empezar aconfiar en Yanni Schwartz, o creer que los indicadores que señalaban un movimiento barranco abajo eran sólo un problema en el sistema.

–Vamos. Tranquilo. Vete. Vete de aquí.

–Sí, ser. —Se levantó de la silla y salió por la puerta junto a Marge sin dirigirle una sola mirada y avanzó por el pasillo en una especie de terror obnubilado mientras pensaba que Seguridad estaba metida en aquello, que en la forma en que generalmente le hacían bajar la guardia y después la pegaban con más fuerza tal vez descubriría que algo le había pasado a Grant, era lo más inmediato en que podía pensar, y lo peor.

Pero Grant estaba donde lo había dejado. Grant lo esperaba en la puerta, preocupado.

–Yanni ha sido muy amable —dijo él. La diminuta oficina, llena de papeles, le parecía cerrada, claustrofóbica—. Vamos a tomar una taza de café. —No importaba que tuvieran trabajo en la oficina. Necesitaba tener espacio a su alrededor, oír el ruido normal, tranquilo de los seres humanos de la cafetería del Ala Norte.

Sí no cumplían el horario de trabajo, si se salían de lo establecido, tal vez lo utilizarían para someterlos a otra sesión con Giraud. Nada era seguro. Cualquier cosa podía ser invadida. Era el tipo de terror que dejaba un psicotest profundo. Debería estar tomando trank. Pero no lo quería, no, no.

Le contó a Grant la conversación que había tenido con Yanni. Mientras tomaban café en el restaurante. Grant escuchó en silencio y dijo:

–Ya era hora. Ya era hora de que entraran en razón.

–¿Te crees todo eso? —preguntó Justin a Grant. Desesperadamente, porque siempre había creído en la capacidad de Grant para distinguir lo verdadero de lo falso. Tenía miedo de que al final Grant le fallara y le dijera sí, créeles, confía en ellos. Era lo que parecía, desde el punto de vista cuerdo que todavía le quedaba.

–No —dijo Grant, levantando las cejas un poquito—. No más que ayer. Pero creo que Yanni es sincero. Creo que está empezando a sospechar lo que puedes llegar a ser y lo que pueden perder con tanta preocupación por la joven Ari. Ésa es la idea que tal vez le sugirió a Denys. Si llega a Denys, tal vez llegue a Giraud. No. Escúchame. Estoy hablando en serio.

–Mierda, Grant... —Justin estaba al borde de las lágrimas, completamente aterrorizado—. Todo esto se me está escapando de las manos. Estoy muy, muy abierto, incluso totalmente abierto. No me confundas.

–Voy a decirte una cosa y terminaré rápido. Si esta idea les llega de Yanni, es totalmente lógico que quieran ayudar. No digo que sean diferentes. Digo que tal vez haya algunos cambios. Por Dios, tómalo con calma, tómalo con calma, no trates de entender todo lo que hacen retrospectivamente, no trates de entenderlos en absoluto durante unos días. ¿Quieres que hable con Yanni?

–¡No!

–Tranquilo, de acuerdo, de acuerdo.

–Mierda, ¡no me trates como a un bebé!

–Ah, sí que estamos irritados. Tómate el café. Estás bien, muy bien, pero contrólate un poco, ¿quieres? Yanni se volvió loco, tú estás bien, yo estoy bien, Administración está al borde del abismo, no sé lo que ha cambiado.

Se rió, se secó los ojos furtivamente y tomó un sorbo de café medio frío.

–Dios, no sé si podré soportarlo.

–Tranquilo, tranquilo. Poco a poco. Terminaremos temprano hoy y nos iremos a casa. ¿De acuerdo?

–Quiero que estemos cerca de testigos.

–En la oficina, entonces.

–En la oficina. —Justin respiró y consiguió devolver el pulso al ritmo normal.

Y compró un póster holo en la tienda de la esquina, mientras volvían, para la pared de la oficina que estaba sobre su escritorio.

Grant levantó la ceja, lo miró mientras él hacía que le controlaran la tarjeta de crédito.

Era un avión volando sobre las tierras vírgenes. Decía: VUELE EN LÍNEAS AÉREAS RESEUNE.



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