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Cyteen 3 - La Vindicacion
  • Текст добавлен: 6 октября 2016, 23:13

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Автор книги: C. J. Cherryh



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–Te diré dónde podríamos hacer un estudio interesante, tío Denys. Reunimos a Giraud y a mí un día y comparar notas. Yo tengo la ilusión de la memoria. Me pregunto si él la tendrá.

Denys no había comido ni un bocado desde hacía un buen rato. Estaba ahí sentado, un montón de carne indefenso.

No sé cómo no te da vergüenza,pensó Ari. Es horrible, Ari.

Pero una parte de ella estaba sumamente satisfecha.

¿Qué mierda me pasa?

Estoy enfurecida, es eso. Enfurecida porque soy joven, enfurecida porque soy dependiente, enfurecida porque estoy atrapada aquí y Denys está siendo Denys y enfurecida porque el sentido de la oportunidad de Giraud me deja incapacitada para conseguir ese sillón. Mierda, todavía no estoy preparada para continuar sin él.

El tenedor de Denys hizo un ruido. Otro bocado. Sin duda estaba conmovido y perturbado.

¿Cómo puedo disfrutar de esto? Dios mío. Es un viejo. ¿Qué me está pasando?

Su apetito se desvaneció. Revolvió la ensalada y eligió un pedacito de tomate.

Lo pensó esa noche, mientras dividía la atención entre un bocadillo que le había hecho Florian, las noticias de la tarde y una rutina sobre el teclado, que prefería al Anotador cuando estaba escuchando algo; los dedos eran solamente una máquina de producir y lo que producían estaba almacenado en alguna parte. Pausa. Tic, tic, tic. Pausa. Mientras, la memoria visual recordaba el almuerzo y al tío Denys; y la función lógica trabajaba sobre la política de todo eso. ¿Hay identidad? —una pregunta rara, incluso sin tener en cuenta los sentimientos raros que ella albergaba al respecto—. Ari sabía cómo explicarlo, en términos sólidos y respetables: estaba acostumbrada al estudio profundo, podía reducir su umbral de forma voluntaria, más de lo que lo lograban otros con una dosis E de kat; las cintas involucraban a una persona idéntica a ella en un medio idéntico, y lo maravilloso hubiera sido que la interrelación constante entre los destellos de cinta y la experiencia cotidiana de los mismos salones, la misma gente, las mismas situaciones no se mezclaran en una mente habituada a la contradicción.

Denys lo entendía, claro, en el nivel lógico.

La gente lo entendía.

Mierda, ella era la que no estaba llevando bien este aspecto del asunto. Controlaba los movimientos de masas en el pueblo. Cuando quería hacer un enfoque pequeño, fracasaba.

El trabajador medio, presionado, demasiado apresurado para pensar en serio, en la ciudad de Novgorod.

Escucha y aprende, Ari cariño: la gente corriente te enseñará las cosas más cuerdas, y más auténticas del mundo. Gracias a Dios por ellos.

Y ten cuidado del que pueda llevarlos a todos en una sola dilección. Ése no es una persona comente.

La gente se daba cuenta del poder de Reseune, del poder que había forjado su predecesora.

IN PRINCIPIO era un fenómeno; las teorías básicas de Ariane Emory, sus métodos y el carácter de la Reseune de los primeros tiempos, puestas casi al alcance del gran público. Gracias a ello, en la mente de los lectores había ahora una sucinta idea de lo que ningún demagogo había podido aclarar hasta que la publicación de ese libro despertó un interés tan extraño y tan universal en el mercado popular.

Había dado a luz a todo un ámbito de pensadores raros, una casta nueva y problemática que consideraba a Emory como su biblia y practicaba unas «Integraciones» experimentales con la idea de que eso expandiría la conciencia, fuera lo que fuese la «conciencia». Ya había tres casos en las Salas; CIUD de Novgorod que habían tomado dosis masivas para llegar a tal estado, se habían realizado intervenciones profundas mutuamente y ahora volvían loco al viejo Gustav Morley cuando criticaban su metodología. Un puñado de admiradores había enfurecido a Seguridad, al tratar de salir del salón principal de LINEAS AÉREAS RESEUNE y llegar a la Casa, proclamando que venían a ver a Ariane Emory, con el resultado de que Reseune estaba considerando con urgencia la idea de construir una nueva terminal para los vuelos comerciales lejos de la antigua, donde, en el pasado, la Familia y los viajeros regulares de LÍNEAS AÉREAS RESEUNE se habían mezclado sin darle importancia. Un puñado de pretendidos discípulos había aparecido en Moreyville buscando un barco hasta que la gente del lugar, por suerte, se había dado cuenta de sus intenciones y había llamado a la policía.

Dios mío, ¿qué haría yo si me encontrara a uno de esos lunáticos? ¿Qué andan buscando?

Es una etapa. Una moda. Terminará. Si no me persiguieran, andarían buscando transmisiones de extraterrestres en los vídeos.

¿Por qué no nos dimos cuenta de esta posibilidad? Pero claro que nos dimos cuenta. Justin lo previo. Siempre hay un margen. Siempre hay una respuesta fácil, la fórmula secreta, o lo que sea. Novgorod está en un caos. Los pacifistas amenazan a la gente, los salarios se han congelado y hay escasez.

Signos de peligro. La gente que busca respuestas. Que busca atajos.

Que los busca en el trabajo de una Especial asesinada. Un la persona de su réplica, mientras los Nye desaparecían, mientras el período de inestabilidad después del asesinato conllevaba nuevas inestabilidades, una elección tras otra, bombas, escasez y la niña, la niña que casi llegaba a la madurez y la habilidad esperadas, anunciándose con la recuperación de las notas perdidas y legendarias de Ari senior. Que esperaba que Ciencias entendiera. Pero Novgorod las está entendiendo en un ámbito completamente distinto.

Los nietos de los azi, la herencia de Reseune: la creación personal de Ari, sin teoría en un ordenador de Sociología. Está ahí. Está listo.

Y Giraud, mierda, no puede quedarse en ese sillón el tiempo suficiente para que yo pueda ocuparlo.

Fuera vídeo —dijo. Se reclinó y cerró los ojos, sintiendo esa sensación de inquietud general que indicaba la exactitud de su ciclo menstrual.

Mañana debería trabajar dentro, no ver a nadie. Hoy he hecho daño a Denys. Ya lo había Atrapado, no necesitaba darle ese golpe. ¿Por qué mierda lo hice? ¿Por qué estoy tan furiosa?

Nivel alto de adrenalina, eso es lo que me sucede. Por no mencionar el resto del cóctel endocrino menstrual.

Mierda, le di un golpe bajo. Denys no se lo merecía.

Sé hasta dónde llegó Ari. Su genio, su temperamento, la rabia que siempre temía dejar escapar.

Frustración con lo irracional, con un universo que se movía demasiado lento para la velocidad de su mente.

Dios, ¿qué me está pasando?

Sintió el sabor de la sangre y se dio cuenta de que se había mordido el labio. Trató de pensar en otra cosa.

Apretó las manos contra la frente, se apoyó en el respaldo y cerró los ojos, pensó en la cinta, la de Justin, pensó...

Dios, no. No cuando estaba con tanta contradicción. No cuando podía pensar en eso como algo propio. Dejarla en la biblioteca, cerrada, a salvo. Dejarla ahí.

No era... ¡Por Dios!, no era para entretenerse.

Mierda, Ari, ¡deja eso!

Mira los peces, maldita sea. Mira cómo procrean los peces, cómo se alimentan y cómo se mueven y viven sus cortas vidas, ida y vuelta, ida y vuelta en la pecera junto al escritorio.

Sexo y muerte. Alimentarse y devorar a sus propios hijos si Dios no tomaba precauciones e intervenía con la red. ¿Cuánto podía sobrevivir un ecosistema recibiendo siempre la masa biológica de sus muertes y sus nacimientos y la luz del sol artificial?

Si los colocas con los peces grandes, no quedará un solo pez azul.

¿Sabes si los peces ven los colores?

Empezó a respirar mejor. El tiempo transcurrió un poco más lentamente. Finalmente, pudo suspirar, bajar la temperatura emocional y posponer la idea de pensar. Se levantó, desconectó todo el sistema y se fue al dormitorio, en silencio, para que Florian y Catlin no se dieran cuenta.

Sólo deseaba irse a la cama. Pero se sentó mirando con ojos muy abiertos la esquina de la cómoda donde estaba Poca-cosa, vieja, poco respetable. No había condenas en ella.

Pensó en guardarla dentro del cajón. ¿Y si hubiera traído a Justin a la habitación cuando ella estaba ahí, para que se riera de Poca-cosa?

Ese era el problema, que no había juegos, que ya no había toma y daca con sus amigos, ya no se tiraban dardos para ver adonde iban y para que viniera el tío Denys, con su ingenio duro y sagaz, a ponerla en su lugar. Trató de conseguir esta reacción de él y no hubo respuesta, no hubo humor, nada excepto la defensa cansada de un viejo que ya no representaba el poder, sólo un ser amenazado.

Flotando en la oscuridad del espacio.

Bienvenida al mundo real. Poca-cosa está vieja. Denys es un anciano asustado. Y tú eres lo que él teme. La gente no quiere discutir contigo: ¿quién quiere perder todo el tiempo?

Podría hacer lo que quisiera en Reseune. Como tomar a alguien, cualquier cosa, enseñarles lo que puedo hacer. En un día, podría enloquecer de miedo a este lugar, hacerles comprender que tengo la sartén por el mango.

Todos me querrían entonces, ¿verdad?

Poca-cosa la miró con los ojos muy abiertos.

Debería llevarte al trabajo, ponerte en el escritorio. Tú eres el mejor interlocutor que tengo en Reseune.

Mierda, alguien que me gaste una broma, alguien que me haga reír, alguien que me conteste, por amor de Dios.

Veo todas las estaciones estelares, todos los grupos azi, todo en un flujo lento, tan lento, y tan peligroso...

¿No me aconsejas, Poca-cosa?

Amy, Maddy, Tommy y Sam. Fiarían y Catlin, Justin y Grant. Yanni. Y Andy en AG.

Está hablando, tonta. Todo el universo habla. Escucha y asómbrate.

Nelly. Mamá y Ollie. Denys. Giraud-presente y el Giraud-futuro.

La estática de los soles.

–¿Sera...? Ella suspiró.

Volvió al presente, una figura de negro en el umbral, alta y rubia. Preocupada.

–Estoy bien —dijo ella y descubrió que tenía las piernas dormidas. Una tontería, por suerte era una tontería. Se frotó los muslos doloridos y se levantó con movimientos descoordinados para inclinarse sobre la cabecera de la cama.

Cuando pudiera mantenerse en pie, iría a la cómoda, cogería a Poca-cosa y la pondría en un cajón.

Catlin le dirigió una mirada extrañada. Pero ella dudaba que Catlin hubiera entendido a Poca-cosa.

VIII

Ponche y galletitas dulces. Ari tomó una de la mesa, ignorando las otras delicias elaboradas en la cocina, saboreó aquel sabor sencillo y tomó un sorbo del ponche verde que le gustaba, gracias, el que no tenía alcohol.

Una niña se deslizó entre los mayores y tomó un puñado de galletitas; y se alejó al cabo de un instante. Un escape rápido. Era Ingrid Kennart, de seis años. Ari se rió por un recuerdo fugaz. Y, francamente, por un momento no pudo recordar si se trataba de un destello de alguna cinta de Archivo o si pertenecía a su propio pasado.

Año Nuevo, claro, había sido en Año Nuevo. La música cambiada, en directo este año, un puñado de técnicos que habían formado una banda y que no tocaban mal del todo. Pero el brillo era el mismo. Y mamá y Ollie...

Por el rabillo del ojo vio un brillo de joyas de plata y por un instante se le presentó un fantasma, pero era solamente Connie Morley, una joven alta y delgada, que llevaba un peinado alto y elegante.

Por un instante la dominó la tristeza, sin motivo, solamente miró al otro lado de la habitación donde estaban sentados los mayores: Denys; Giraud estaba en Novgorod en la estación; Petros Ivanov; el doctor Edwards nunca sería «John» para ella, nunca, lo juraba, no importaba lo mayor que se hiciera ella. Y el viejo Windy Peterson y su hija, bailando; Peterson trataba de aprender un nuevo paso.

Maddy Strassen estaba muy guapa, realmente hermosa vestida de satén azul metalizado, no le faltaban acompañantes, ni Stasi, su sombra fiel. Y Amy Carnath. Ella estaba en la pista con un joven azi muy correcto, muy confundido que, sin embargo, estaba salvando la situación con el baile en sí: Seguridad, tenso como todos los de Seguridad cuando Amy le puso las manos encima pero un poco más relajado ahora, para diversión de toda la concurrencia y evidente disgusto de la madre de Amy. El muchacho era un Alfa, y tan social como lo permitían los Barracones Verdes, sí, sera, con una voz militar. Se llamaba Quentin AQ-8, y tal vez habría terminado con un contrato en Seguridad de la Casa o en LÍNEAS AÉREAS RESEUNE, o en el exterior, si alguna de las agencias calificadas hubiera pagado un millón y cuarto por su contrato, por un azi que tenía que ser supervisado directamente por Reseune y cuyos reflejos eran peligrosamente rápidos. Quentin AQ se había encontrado al servicio de otro al cabo de un año.

Florian y Catlin informaban que Quentin estaba muy contento, aunque muy nervioso. Y Amy estaba...

... enamorada, era una buena definición. Al menos había una dosis muy saludable de entusiasmo, y Amy insistía en que Quentin era su compañero. Quentin estaba en la pista con ella, las modas y las costumbres cambiaban y la gente estaba olvidando por qué habían existido las viejas normas con los primeros azi: ahora imperaban reglas totalmente distintas. Los jóvenes lo hacían en sus fiestas; los mayores debían aceptarlo, no tenían más remedio, eso era todo. Y así era con Amy Carnath.

Entonces Ari había llamado a Florian para que Amy y Quentin no estuvieran solos. Y al cabo de un rato algunos más salieron a la pista.

Pero sobre todo Florian y Catlin, que la vigilaban muy de cerca. Florian se negó a bailar con Stasi, con un ansioso:

–Lo siento mucho. Estoy de servicio.

Así andaba el mundo. En la Casa, Florian y Catlin la vigilaban con la misma atención que habían puesto en Novgorod.

Nada de relajarse. Nada de olvidarse.

Las autoridades de Novgorod estaban aterrorizadas por las multitudes que vendrían en Año Nuevo y la posibilidad de que hubiera un incidente.

Una mierda. Los pacifistas no eran diseño de Ari, estaba cada vez más convencida. Una herencia cultural, un viajecito desviado y horrible de los grupos mentales cuya prioridad era la independencia, esos grupos que habían formado la Unión. Los nietos y nietas de científicos e ingenieros rebeldes, haciendo volar por el aire a los niños en los subtes, deseosos de acceder al gobierno.

Hablaban de gusanos potenciales en los diseños de Justin al cabo de unas treinta o treinta y cinco generaciones. La Unión ya evidenciaba algunos después de tres generaciones, y eran realmente serios. Ari tenía miedo de una situación controlada como el Año Nuevo con la Familia y el personal, con Florian y Catlin para cuidarla, con los ojos atentos a encontrar todo lo que fuera Raro. Tener las oportunidades de un ciudadano de Novgorod: kilómetros de caminata por túneles peatonales o hacer el cálculo de los titulares y el humor de la política dos veces al día para decidir si podía arriesgarse a tomar el subte durante diez minutos, por no mencionar la posibilidad de que un caso z cualquiera lo empujara a uno para robarle la tarjeta: una vida terrible. Pero los ciudadanos de Novgorod odiaban la idea de un sistema controlado por tarjetas; según ellos, representaba una amenaza para su libertad.

Tenían un umbral de ansiedad inferior al de ella, decidió Ari; pero defendían lo suyo, eso era lo bueno, a la mierda los pacifistas, la gente se defendía; y ella, Ari Emory, seguía la situación y se preguntaba si valía la pena la idea de un proyecto para comprar miles de azi militares todavía susceptibles de ir a la rejuv, y llevarlos a Reseune para reentrenarlos, exactamente como habían hecho antes de que ella naciera.

No se podía hablar del mal precedente de situar tropas armadas para que se encargaran de mantener el orden en Novgorod, pero sí de un préstamo de agentes civiles del Territorio Administrativo de Reseune a la municipalidad de Novgorod. Si éstos eran los tiempos en que vivían, lo mejor era tener una respuesta, aunque comportara la presencia de miembros de las fuerzas en una línea interminable en todos los túneles peatonales y los subtes de Novgorod.

La primera razón por la que existía Reseune era la energía elemental a pulmón, la energía de los seres humanos; y ella estaba redactando la propuesta para enviarla al despacho de Denys. Y esperaba que Denys se negara. Reseune estaba obteniendo beneficios de nuevo y Denys estaba decidido a mantener un límite estricto para lo que llamaba las ideas locas de Ari.

Suspiró, observó al tío Denys, que estaba al otro lado de la habitación y vio a un hombre grandote y cansado que tenía ideas muy extrañas: que tenía, como había descubierto en la Base de Denys en el sistema de la Casa, un gran volumen de trabajo sin publicar, trabajo del que ella quería hablarle: sobre la economía de las interestaciones, un trabajo que provocaría más de una reacción cuando saliera a la luz. Ella no lo entendía pero resultaba impresionante, todo lleno de cálculos estadísticos; un enorme y fascinante trabajo sobre la interacción de la economía con la teoría expansionista del gobierno, un estudio impresionante sobre el desarrollo de la sociedad de consumo en los segmentos de población descendientes de los azi, que incluía un rastreo específico de valores establecidos en la psicología de distintas generaciones de pruebas; un estudio de la psicología de las réplicas; una historia de Reseune desde su fundación; y trabajo sobre sistemas militares, de un tipo que parecía sobre todo obra de Giraud, hasta que ella se fijó en las frases y en los giros expresivos y descubrió con espanto que Giraud no era el autor de los trabajos que se publicaban con el nombre de Giraud. Eran obra de Denys. Y ese depósito secreto, ese tesoro de ideas... ¿en Archivo? Nunca lo había sacado a la luz, sólo lo había retocado de vez en cuando, ajustado algunas cosas, un enorme trabajo en formación, y su autor, un hombre tan obsesivamente alejado de todo que había pulsado teclas para conseguir a su hermano la condición de Especial, para que Giraud pudiera tener una reputación y hacer frente al público mientras él se quedaba entre bambalinas, dedicándose exclusivamente a la administración, a las decisiones cotidianas, a la aprobación de R&D y a llevar a cabo las decisiones.

Además de educar a una criatura durante algunos años, dejándola entrar a ella en esa intimidad tan exclusiva, organizando fiestas de cumpleaños y soportando a Nelly y a dos jóvenes de Seguridad, mientras redactaba estos trabajos, que nunca aparecían en ninguna parte, que se limitaban a seguir creciendo.

No resultaba difícil imaginar la razón por la que Denys había estado tan dispuesto a aceptarla, la razón por la que había metido a Reseune en un remolino a fin de recuperar las habilidades de Ariane Emory para Reseune: Denys era brillante, Denys tenía el viejo problema de los Alfas, la falta de control, la falta de límites, el problema de flotar en el espacio oscuro sin otras mentes hacia las que saltar, sin ninguna pared que devolviera el eco. Denys era brillante, una persona extraña dedicada casi por completo a protegerse a sí misma. E incapaz, tal vez, de creer que su trabajo estuviera terminado; por eso lo seguía modificando. Una mente que trabajaba en un macrosistema que seguía ensanchándose, un perfeccionista con la necesidad de ser definitivo en todo. No necesitaba a la gente. Solamente estudiaba sus reacciones.

Y hacía frente a la muerte, a la suya propia y a la de Giraud, con un sentimiento de incredulidad. Denys era el centro de su propio universo, Giraud era un satélite completamente de acuerdo con su situación. Era normal que Denys estuviera interesado en la psicogénesis; Denys estaba tan interesado que casi había perdido el control frente a ella; Denys quería la inmortalidad, incluso si no era con su continuidad personal, ella solamente tenía que cumplir con su promesa: si Giraud era esencial para el universo, ¿quién más que Denys?

Ella se volvió, apoyó la taza en el borde de la mesa y se asustó. Pensaba que la persona que había tras ella era Florian, que esperaba para recoger la taza; pero era Justin; y ella se sintió incómoda, en esa décima de segundo, por estar tan nerviosa y porque la hubieran atrapado como a una tonta.

Él le cogió la mano y dijo:

–Creo que me acordaré de cómo hacerlo —le ofreció la otra mano.

Ari lo contempló con los ojos muy abiertos y pensó: ¿Cuánto habrá tomado?Y levantó la mano para tomar la de él, los dedos quedaron entrelazados y los dos se movieron por la pista en un baile más lento, más adulto. Él había estado bebiendo, probablemente bastante pero se movía con gracia,seguramente tan consciente como ella de que los demás bailarines se separaban para observarlos, de que la música se hacía confusa y luego volvía al ritmo otra vez.

Él le sonrió.

–Ari nunca bailaba. Pero sus cenas provocaban chismes que duraban una semana en las oficinas.

–¿Qué mierda estás tratando de hacer?

–Lo que hago. Lo que has hecho, con Florian y con la joven Amy. Te conviene. Te conviene, Ari Emory. Se me ocurrió. Pensé que sería divertido un poco de socialización, dos veces en una noche, pensé que tendrías sentido del humor.

Ahora había otros bailarines que recuperaban el ritmo. Y la sonrisa de Justin era débil, muy deliberada.

–No te habrás metido en líos ¿verdad?

–No. Pensaba... he perdido toda una parte de mi vida ocultándome, tratando de pasar desapercibido. A la mierda. ¿Por qué no?

Ari vio de reojo la silla de Denys, cerca de la puerta. Vacía.

Y pensó: Dios. ¿Cómo acabará esto?

La música terminó. La gente aplaudió. Ella miró un segundo a Justin, un segundo que le pareció demasiado largo y demasiado público.

He cometido un error, un error muy grave.

Hay que remediarlo, por Dios, es como lo de Amy/Quentin, la gente lo interpretará así solamente con esto.

Caminó con Justin de la mano para salir de la pista, directo hacia Catlin.

–Aquí hay alguien que te puede enseñar los nuevos pasos. Es realmente asombrosa. Catlin, enseña a Justin, ¿quieres?

Cuando la banda empezó a tocar de nuevo, Catlin sonrió, tomó a Justin de la mano y lo llevó de nuevo a la pista.

Grant estaba ahí, contra la pared, atento y obviamente preocupado.

–Florian —llamó ella—, ve y pregúntale a Grant qué está haciendo Justin.

–Sí, Sera —dijo Florian y fue hacia allí.

Denys se había marchado de la habitación. Y también Seely.

Justin demostró en público que está vinculado conmigo. Nadie lo ignoraba. Pero, el hecho de que yo lo haya permitido, va a provocar rumores.

Miró a la pista, donde Justin intentaba con valor, y tal vez hasta con algo de éxito, seguir a Catlin. Y luego al rincón, donde Florian y Grant hablaban con cierta urgencia.

Florian volvió antes de que terminara la pieza.

–Grant dice que es una locura CIUD. No sabía nada. Grant le pide ayuda, pero dice que si él interviene, tal vez se convierta en algo público e intenso. Dice que Justin está perturbado desde que él y Grant volvieron a casa, Grant afirma que está dispuesto a hablar contigo, pero después añadió que usted había intervenido y me pidió que le preguntara si esto no es el resultado del psicotest.

Ari frunció el ceño.

–Mierda.

–Maddy —dijo Florian.

Y era una idea mejor que las que se le ocurrían a ella.

–Maddy —repitió Ari—. De acuerdo.

Mierda, mierda, mierda. Está empujándome, esto ha sido deliberado. Denys estaba aquí, toda la Familia miraba.

Respiró hondo.

Nada de condescencia a partir de ahora. No es un niño. Denys tampoco. Ahora no me están tratando como a una niña, ¿no? Grant cree que es un viaje emocional, o eso es lo que Justin le ordenó que me dijera.

Mierda, debería arrastrarlo a una sesión de preguntas y respuestas sobre este truquito, mierda, sí.

Y nunca confiaría en mí de nuevo, nunca volvería a ser el Justin de antes, claro.

Catlin y Justin se iban de la pista. Maddy Strassen se acercó con su gracia especial y dijo algo a Catlin. Se apropió del brazo de Justin y lo condujo hasta la mesa de refrescos mientras la banda hacía un intermedio. Stasi Ramírez se acercó por el otro lado.

Gracias a Dios.

Ari respiró un poco más tranquila, segura de que Denys tenía sus espías en la habitación, gente que le contaría todo lo que pasara al pie de la letra.

Como Petros Ivanov.

Y eso representaba una ayuda, en estas circunstancias.

Grant se quedó en un rincón, tan oculto como le permitía su elegancia de pelirrojo, charlando con la joven Melly Kennart, que tenía doce años. Totalmente inocente.

Maddy bailó dos piezas con Justin. Ari salió a la pista con Tommy Carnath, que parecía un poco disgustado.

–Paciencia —le pidió Ari—, por Dios, tenemos un problema.

–Él es el problema —replicó Tommy—. Ari, te está presionando. Tu tío esta furioso.

Si Tommy lo había captado, muchos más se habrían dado cuenta también.

Y nada podía disimularlo. Su única alternativa era dar muestras de que no respondía al acercamiento.

¿Avergonzarlo y echarlo? Justin era terriblemente vulnerable a eso. Se abría totalmente. Arriesgando su carrera entera y tal vez su vida en ese movimiento, y no era estúpido, no, no había forma de que un hombre que había caminado por tantas cornisas en su vida rompiera el esquema de pronto en un arranque emocional. No importaba si estaba borracho. Nada importaba. Justin había calculado la jugada. Lo había hecho a propósito.

Y la había acorralado. Apóyame frente a toda la Familia o recházame. Ahora.

Lo mataré.

Lo mataré por esto.

IX

—Ser, Justin está aquí —anunció Florian por el Cuidador.

–Ya era hora. Tráelo al estudio. A él, no a Grant —respondió Ari sin levantar la vista del escritorio.

–Grant no ha venido con él —informó Florian.

Florian no lo había dejado entrar todavía: el Cuidador siempre sonaba en las habitaciones de Ari para indicarle que había entrado un extraño. Y sonó; y ella terminó su nota para el sistema antes de moverse de la silla. Cuando acabó, ordenó a Base Uno que se desconectara y se dirigió por el pasillo hacia el bar y el estudio.

Justin estaba allí, en aquella habitación tan llena de malos recuerdos para él, caminando en el estrecho pasillo detrás del inmenso sillón con borde metálico, admirando las pinturas. Mientras, Florian esperaba discretamente en el bar, como un eco inconsciente; Florian y Catlin no habían visto la cinta.

Ella había elegido el lugar.

Favor por favor.

–Me gustaría saber —dijo, desde detrás de Justin, al otro extremo de la habitación con suelo de madera—, me gustaría saber qué mierda esperabas lograr anoche.

Él se volvió para mirarla de frente. Señaló la pintura que había estado observando.

–Ésta es mi favorita. La vista del Barnard. A pesar de su simplicidad, resulta conmovedora, ¿verdad?

Ella respiró hondo. Conmueve, sí. Me está Trabajando, eso es lo que desea.

Grant me pidió ayuda —dijo—. Conseguiste asustarlo. Espero que te des cuenta. Yo te libré de las garras de Giraud. Te evité pasar por Detención. Me arriesgué por ti. ¿Qué esperas que haga, gritar? Te hago favores. Muevo cielo y tierra por ti. ¿Qué haces tú por mí? Me acorralas en público. Me pones en una situación difícil. No creo ser mucho más inteligente que tú, Justin Warrick, así que no me sueltes que fue una reacción espontánea. Estoy segura de que querías acorralarme. Querías que te apoyara o eludiera mi responsabilidad en el momento en que tú lo decidieras; y si Tommy Carnath, Florian y Stasi Ramírez se dieron cuenta, ya me dirás si te parece que Yanni Schwartz o Petros Ivanov o mi tío lo habrán pasado por alto.

Él caminó hasta el bar.

–Te pido disculpas.

–Pedir disculpas no arregla nada. Quiero saber, con claridad, ahora, qué andas buscando.

–Siempre me puedes preguntar eso. ¿No es ése el acuerdo?

–No me atosigues. No me atosigues. Todavía estoy tratando de salvarte el pellejo, ¿me oyes?

–Te entiendo. —Él se apoyó en el bar y miró a Florian—. Florian —llamó.

–¿Ser?

–Whisky con agua. ¿Te importa?

–¿Sera?

–Lo de siempre. Y prepárale la bebida. Está bien, Florian. —Ella bajó los escalones y se sentó en el sillón; Justin la imitó. Apoyó el codo sobre el sillón, lo mismo que había hecho años atrás, una costumbre inconsciente o una actuación tan deliberada como la de Ari; ella no estaba segura—. De acuerdo, te escucho.

–No hay mucho que decir. Excepto que confié en ti.

–¡Confiaste en mí! ¿Para qué, estúpido?

–Estaba ahí, eso es todo. ¿Qué debería hacer? ¿Trabajar en tu ala, ser tu compañero durante otros veinte años hasta que muera Denys? ¿Mantener la cabeza baja y la boca cerrada, asistir a esas malditas fiestas, veinte años pasando por todas las funciones sociales de mierda, todas las funciones departamentales, todo, mientras todos los CIUD de la casa sienten que deben explicar a Seguridad o a tu tío si los ven hablar conmigo? Es una mierda, Ari.

–Lo siento —dijo ella, seca. Y era verdad. Ella había vivido lo mismo durante la infancia y había visto el mismo proceso con Justin y lo sentía en el alma—. Pero eso todavía no explica por qué lo hiciste. ¿Por qué tuviste que esperar a un momento tan difícil? Acababa de limar las asperezas con Denys, acababa de suavizar las cosas y tú me haces esto.

–Lo siento —dijo él, con amargura.

–¿Lo sientes?

–Siempre son momentos difíciles. Siempre. Siempre hay algún problema. Me separan de mi padre otra vez, mierda, por Giraud. Tengo tu palabra de que está a salvo. Pero nada más.

Le tembló la voz. Florian dejó el whisky con agua junto a la mano de Justin, sobre el estante detrás del sillón y se acercó a Ari, como un fantasma, para servirle el vodka con naranja de siempre.

–Y que conste —siguió él después de un trago– que no lo dudo. Pero ésa es la razón. Otros dudan de la seguridad de mi padre. Giraud es uno de ésos. Es tan fácil organizar un incidente, una confusión por parte de un estúpido guardia azi, ¿no te parece? Una pérdida terrible, un Especial. Pero como dices, Giraud se está muriendo. ¿Le importa acaso? Lo subestimas si piensas que no tratará de acabar con mi padre, a menos... a menos que descubra que algo falla en Reseune, y yo soy una amenaza que no puede controlar. Estoy cerca de ti. Entonces, sí que dudará. Y Giraud, con esa estrategia podrida que tiene, nunca lleva a cabo movimientos precipitados o poco. calculados. Quiero que me preste atención. Quiero que me preste atención hasta que muera. Es así de simple.

Tenía sentido. Tenía una especie de sentido complicado, el sentido de otro grupo mental, si se ponía en el lugar de Justin Warrick, si se conocía a Giraud, si no se tenía poder ni nada con qué negociar excepto Ari Emory y un pasado de persona problemática.


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