Текст книги "Cyteen 2 - El Renacer"
Автор книги: C. J. Cherryh
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Научная фантастика
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–Yo tengo algo que perder —objetó Yanni—. Tengo a un joven que no es un Especial porque Reseune no se atrevería a enviar un proyecto de ley como ése, no se atrevería a darte esta protección.
–Eso es basura.
–Te di una oportunidad. Me arriesgué contigo. No he dicho que Will tenga un problema. Digo que probar tus rutinas tal vez implique absorber a sujetos de Prueba. Por su propia naturaleza. Una vez que hacen el programa, hay que lavarles el cerebro para sacarlos. Eso no quiere decir que no sean útiles.
Departamento de Defensa.
Programas de prueba con lavados de cerebro entre una pasada del programa y otra...
—¿Justin?
–Dios. Dios. Trato de ayudar a los azi, y he creado una monstruosidad para Defensa. Dios mío. Yanni...
–Cálmate. Cálmate. No estamos hablando del Departamento de Defensa.
–Pero será así. En cuanto se enteren...
–Están muy lejos de todo esto. Cálmate. Es mi trabajo. Sin mí, no pueden. Si algo me pasara, no podrían... no durante mucho tiempo. Mierda, mis documentos, mis notas. Grant.
—Reseune no revela sus procesos —lo tranquilizó Yanni, en tono razonable—. Eso ni se discute.
–Reseune tiene acuerdos con Defensa. Hace mucho. Desde que Giraud tiene su puesto en el Concejo.
Desde que murió Ari. Desde que sus sucesores vendieron... vendieron todo lo que ella significaba.
Dios, quisiera... quisiera que estuviera viva de nuevo.
La niña, no tiene ninguna oportunidad.
—Hijo... disculpa, Justin. Es la costumbre. Escúchame. Me doy cuenta de lo que quieres decir. Lo veo muy claramente. A mí también me preocupa.
–¿Nos están grabando, Yanni? Yanni se mordió el labio y pulsó un botón sobre el escritorio.
–Ahora no.
–¿Dónde está la cinta?
–Yo me ocupo de eso.
–¿Dónde está la cinta, mierda?
–Cálmate y escúchame. Quiero trabajar contigo. En lo que sea. Con un cheque en blanco. Déjame preguntarte una cosa. Tu perfil psíquico dice que el suicidio no es probable. Pero contéstame sinceramente: ¿piensas en eso alguna vez?
–No. —Le latía el corazón y el ritmo era tan rápido que le dolía. Era mentira. Y no lo era. Pensó en eso por un momento. Y le faltaba lo que hay que tener para hacerlo. Y no tenía razones suficientes..., todavía. Dios, ¿qué me hace falta? ¿Tengo que ver a los chicos caminando sobre el fuego antes de sentirme culpable? ¿Qué clase de monstruo soy?
–Déjame recordarte que matarías a Grant. Y a tu padre. O peor todavía, vivirían con eso el resto de sus vidas.
–Váyase a la mierda.
–¿Piensas que otros investigadores no se hicieron las mismas preguntas?
–¡Carnath y Emory construyeron Reseune! ¿Cree que la ética les importaba algo?
–¿Crees que la ética no le importaba a Ari?
–Claro. Como en lo de Gehenna.
–La colonia sobrevivió. Sobrevivió después de que murieran todos los CIUD. Es trabajo de Emory, claro que sí. Los azi sobrevivieron.
–En medio de la suciedad. En condiciones abominables, como primitivos, maldita sea.
–Atravesando la suciedad. Atravesando catástrofes que les arrancaron las ventajas que tenían. La cultura de ese planeta es azi. Y son únicos. Te olvidas del cerebro humano, Justin. De la ingenuidad humana. La voluntad de vivir. Puedes mandar a un soldado azi al fuego, pero un azi es más apto que su contrapartida CIUD para darse la vuelta y preguntar a su sargento qué va a ganar su grupo si se mete ahí. Y mejor será que el sargento disponga de una respuesta que tenga sentido para el azi. Deberías aprender un poco de los militares, Justin. Tienes una fobia contra ellos, perdón por la palabra psicológica. Y ellos se desenvuelven en situaciones verdaderamente límites. Los grupos militares pueden caminar en medio del fuego. Pero un azi que quiera hacer eso representa un problema, y un azi que disfrute de la muerte de otros constituye un problema todavía peor. Piensa en la realidad antes de aterrorizarte tanto. Piensa en los militares ahí abajo. Son muy buenos. Muy amables, muy competentes, muy impacientes con las estupideces, muy fáciles de supervisar mientras crean que estás capacitado, pueden relajarse cuando no están en el trabajo, a diferencia de algunos de nuestros obreros de las líneas de montaje. Piensa en la realidad antes de preocuparte. Piensa en los tipos específicos.
–Ésos también son supervivientes —objetó Justin—. Los que sobrevivieron a la Guerra.
–La tasa de supervivencia de los azi es mayor que la de los CIUD, en un quince por ciento más o menos. No tengo remordimientos personales con respecto a los azi. Están bien. Se sienten bien con ellos mismos. Tu trabajo tal vez tenga una gran importancia en el campo de la psique CIUD, en cuanto a los problemas de comportamiento. Tal vez tenga muchas aplicaciones, si funciona. Estamos trabajando con la humanidad. Y con herramientas. Puedes matar a un hombre con un láser. Puedes salvarle la vida también. No quiere decir que no debamos tener láser. O filos en los cuchillos. O martillos. O lo que sea. Pero me alegro mucho de que tengamos láser, porque si no habría perdido la visión del ojo derecho. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo?
–Esto no es nada nuevo, Yanni.
–Quiero decir, ¿entiendes lo que te estoy diciendo? ¿En tu interior?
–Sí. —Y era verdad. Sus instintos se aferraban a los viejos argumentos como un bebé que busca su mantita para poder dormirse. Así de maduro. Así de capaz de ver la verdad. Mierda. Dale a un hombre una excusa vieja como el tiempo y si el hombre quiere atenuar el dolor que siente, la aceptará. Incluso sabiendo que quien se la da es un operador psíquico.
–Además —continuó Yanni—, eres un hombre de principios. Y los seres humanos no dejan de aprender sólo porque sus nuevos conocimientos puedan ser peligrosos. Si tu idea es correcta, sólo estás unas décadas por delante de otro, y ese otro lo encontrará por su cuenta. Y quién sabe, tal vez ese investigador no tenga tus principios, o tus ventajas.
–¡Ventajas! ¡No puedo conseguir un permiso para que mi hermano visite a su padre!
–Puedes conseguir mucho si tu trabajo es positivo.
–Ah, mierda... ¿Estamos en una subasta, entonces? ¿Ya terminamos con la moral por hoy?
–Tu hermano. Grant significa muchas cosas para ti. ¿No es cierto?
–¡A la mierda, Yanni!
–No está relacionado contigo. Sólo quiero señalarte que estás haciendo un interesante doble grupo de valores con eso. Tienes reacciones en varios puntos sensibles, incluyendo una leve tendencia a sospechar de cualquier éxito que tengas, una tendencia a verte siempre definido por otros, el hijo de Jordan, el hermano de Grant, el rehén de Administración. Eres importante por ti mismo, Justin. Tienes... tienes treinta y un años. Ya es hora de que te preguntes quién es Justin.
–De vuelta a la psicología, ¿verdad?
–Hoy te la ofrezco gratis. No eres responsable del universo entero. No eres responsable de lo que surja de una situación que no puedes controlar. Tal vez sí eres responsable de descubrir qué puedes controlar, si quieres. Si dejaras de mirar los problemas de otros y empezaras a considerar tus propias capacidades, que, como te dije, probablemente te califican para ser un Especial. Y eso contesta muchas preguntas acerca de por qué tienes problemas. Te falta un sentido de los limites. Te faltan límites, hijo. Todos los Especiales tienen ese problema. Resulta difícil entender a la humanidad cuando atribuyes a cuantos te rodean la complejidad de tu propio pensamiento. Estás rodeado de un buen número de mentes brillantes, las suficientes para convencerte de que ser así es de lo más normal. Jordan, sobre todo. Él tiene todas las ventajas, ¿no es cierto? Y siempre lo has confundido con Dios. Piénsalo. Ya sabes todo lo del chico Rubin. Aplícalo aquí, en casa. Haznos un favor.
–¿Por qué no me explica directamente lo que quiere que haga? Estoy muy cansado, Yanni. Me rindo. Dígalo y yo lo haré.
–Sobrevive.
Justin parpadeó. Se mordió el labio.
–¿Vas a perder el control delante de mí? —preguntó Yanni.
La niebla se esfumó. Las lágrimas desaparecieron. Sólo se sentía avergonzado y furioso, tan furioso que habría podido retorcerle el cuello a Yanni.
Éste le sonrió. Muy complacido.
–Podría matarlo —espetó Justin.
–No —dijo Yanni—. No está en tu perfil. Tú derivas cuanto te ocurre hacia tu interior. Y nunca dejarás de sentir la fuerza de esta tendencia. Es lo que te hace ser tan mal clínico y tan buen diseñador. Grant puede sobrevivir a la tensión, si tú no le pones más sobre los hombros. ¿Me oyes?
–Sí.
–Lo sabía. Así que no lo hagas. Ve a tu oficina y dile que voy a volver a presentar la solicitud de permiso.
–No se lo voy a decir. Se está convirtiendo en un punto muy sensible para él. Le duele, Yanni. No puedo hacerlo.
Yanni se mordió el labio.
–De acuerdo. No se lo digas. ¿Entiendes por qué es un problema, Justin? Tienen miedo de que los militares lo secuestren.
–¿Por qué, Dios mío?
–Un movimiento para conseguir poder. Se supone que no debería decírtelo. Estoy quebrantando los límites de Seguridad. Hay un movimiento de fuerzas de Defensa. Hay un sector que propone la nacionalización de Reseune. Eso es lo que quieren ahora. La salud de Lu empezó a flaquear, le falla la rejuv. Le quedan dos años como mucho. Gorodin está cada vez más aislado de la Secretaría de Defensa. Tal vez lo sometan a votación para el puesto, una situación que no se da desde la Guerra. Una elección entre los militares. Está el jefe de Investigaciones Militares, que adquiere cada vez más peso detrás del jefe del servicio de Inteligencia. Khalid. Vladislaw Khalid. Si tienes miedo de algo, Justin, ten miedo de ese nombre. El sector podría utilizar muy bien cualquier incidente. Y Gorodin también. Amañado o no, da lo mismo. Estás en peligro. Grant todavía más. No tienen más que arrestarlo en el aeropuerto, decir que llevaba documentos, Dios sabe qué. Denys puede arrancarme la cabeza por habértelo contado. Quería protegerte, no perturbar tu trabajo. Grant no conseguirá un pase de viaje ahora, ni tú. Es la verdad. Díselo a Grant, si te parece que eso puede ayudarlo. Pero, por Dios, díselo en un lugar bien privado.
–Quieres decir que nos están espiando.
–No lo sé. Solamente puedo hablar de este momento. Ahora no.
–Dijiste que estamos...
–Lo digo ahora. Si Gorodin sobrevive a la elección que sin duda se va a producir, estarás a salvo. Si no, nada lo estará. Perderemos nuestra mayoría en el Concejo. Y después de eso, no querría apostar por quién está a salvo. Si perdemos nuestra condición de Territorio Administrativo, Planys también lo perderá. ¿Me entiendes?
–Sí. —Volvió a sentir lo mismo de siempre. Otra vez el mismo juego. Se sintió mareado. Y mucho más firme con respecto a la realidad—. Si me está diciendo la verdad...
–Si estoy diciendo la verdad, será mejor que te despiertes y empieces a cuidarte. Durante los próximos años esto va a ser un infierno, hijo. Un infierno. Lu se muere. Es cuestión de tiempo. Lu podría renunciar, pero con eso no se arreglaría nada. Quienquiera que la sustituya, pondrá un nuevo secretario. Lu está minando su salud, sigue adelante, trata de manejar esa pelea interna en la que tan hábil es. Gorodin está demasiado tiempo en el espacio. Demasiado lejos de su estructura de mando. Lu trata de ayudar a Gorodin a pasar la tormenta, pero la habilidad de Lu para dejar de lado a los deudores políticos está disminuyendo con rapidez, a medida que se acerca a la pared. Está equilibrando sectores dentro de su propio sector. El problema es, ¿cuánto tiempo puede sobrevivir en ambos sentidos?
VIII
La potranca recorrió la pista de nuevo, con los ollares abiertos, excitada, y Ari la miró, miró a Florian, tan seguro y grácil sobre su lomo.
Junto a ella, con los brazos cruzados, estaba Catlin, y Andy, y gran parte del personal de AG. No era la primera vez que veían a Florian y a la potranca trabajando, pero nunca antes Administración y el personal de AG habían permitido que Ari lo intentara. El tío Denys estaba allí. Por otra parte, el tío Giraud estaba en Novgorod, donde pasaba la mayor parte del tiempo. Había una elección. Un tal Khalid estaba desafiando a Gorodin en Defensa, y todos en Reseune estaban preocupados por aquella cuestión. Y ella también estaba preocupada, porque lo que había oído sobre Khalid significaría que habría otro juicio si él cumplía sus amenazas. Pero una elección tardaba meses y meses, porque los resultados tenían que llegar desde los confines del espacio, y el tío Denys consiguió un ratito para ir hasta el establo. Había insistido en que si ella iba a romperse algo otra vez, quería estar allí para llamar a la ambulancia inmediatamente. Amy Carnath también había ido, y Sam, Stasi, Maddy y Tommy. Ari estaba un poco nerviosa con tanta gente. Nunca había pensado que su primer intento con la potranca se convertiría en un momento especial. Tampoco lo había deseado.
Florian había estado trabajando a la potranca y enseñándole durante meses, incluso había grabado una cinta de habilidad, se había puesto sensores de pies a cabeza mientras la potranca hacía todos los movimientos que sabía hacer, y había mantenido una cámara justo detrás de las orejas, todo para enseñar a Ari lo que debía hacer para mantener el equilibrio y cómo reaccionar ante los movimientos de la potranca. Eso era lo más parecido a un paseo a caballo que había hecho hasta el momento. Y la cinta le había proporcionado una sensación maravillosa.
El tío Giraud, que seguía siendo el tío Giraud, había comentado que aquella cinta tenía muchas posibilidades comerciales.
Florian llevó a la potranca de vuelta con mucho estilo y hubo unas exclamaciones y un aplauso de los chicos; eso asustó a la potranca, que retrocedió. Pero se calmó y Florian se bajó muy tranquilo y le entregó las riendas.
–¿Sera? —dijo. Ari respiró hondo y avanzó hacia la potranca.
Había avisado a todo el mundo que debían estar callados. Ahora reinaba un silencio absoluto. Todos miraban, y ella deseaba con todo su corazón hacer las cosas bien y no quedar mal ni asustar a nadie.
–Pie izquierdo —murmuró Florian, por si ella se había olvidado—. La llevaré un ratito hasta que usted la sienta, sera.
Había tenido que estirarse para alcanzar el estribo. Se apoyó y aferró la montura y subió sin hacer el ridículo. La potranca se movió entonces; Florian la llevaba de la brida y, de pronto, Ari sintió la cinta, sintió el movimiento que se instalaba justo donde el músculo y el hueso sabían que estaría, y los dos cedieron con facilidad.
Tuvo ganas de llorar y apretó los dientes porque no quería hacer tal cosa. Ni parecer una tonta con Florian llevándola de la brida.
–Ya está —dijo—. Dame las riendas, Florian. Él detuvo a la potranca y pasó las riendas sobre la cabeza del animal. Estaba muy nervioso.
–Por favor, sera, no deje que la domine. Está inquieta por toda la gente.
–La tengo —dijo ella—. Está bien.
Y fue muy prudente. Empezó la vuelta a un paso tranquilo, dejando que la potranca se acostumbrara a ella en lugar de a Florian, tras meses y meses de haber permanecido en la cerca de la pista, viendo desde lejos cómo montaba Florian, y lo había visto caerse algunas veces también, y pensaba que nadie fuera de la vieja Tierra sabía cómo se hacía lo que él estaba haciendo. Una vez la potranca se había caído, un gran golpe, y Florian se había desmayado durante unos instantes, totalmente inconsciente, pero se había levantado y había dicho que no era culpa de la potranca, que el animal había tropezado, él lo había sentido, y había seguido montando mientras ella y Catlin se quedaban ahí, con las manos apretadas.
Ahora llevó a la potranca lejos de Florian, para hacer la primera salida de la potranca en público y sabía que Florian estaba sudando y sufriendo con cada paso que daba, consciente de que sera podía hacer tonterías; y que Catlin probablemente pensaba lo mismo, sabiendo que si algo salía mal, sólo Florian podía hacer algo para remediar las cosas.
Hoy cumplía catorce años y tenía demasiado público para arriesgarse a hacer una tontería. Se mostró sorprendentemente juiciosa, montó al paso y siguió al paso, nerviosa cuando la potranca trató de moverse más rápido. No, había dicho Florian, si trata de ir al paso que quiere, no la deje, no debe ni sabe cómo hacerlo.
Florian le había dicho todos los movimientos que la potranca tendería a hacer y dónde podía perder pie y cuándo iba a tratar de hacer lo que quisiera.
Así que Ari detuvo el movimiento en cuanto compendió lo que quería hacer la potranca, no, no, la potranca tenía una manera de estirar el cuello contra la rienda y seguir como si de pronto quisiera ir al trote unos pasos; estaba contenta de no haberla dejado correr la primera vez; pero la potranca le obedeció bien cuando ella la detuvo.
No era el espectáculo que ella quería dar, claro. Ella quería llegar al galope y asustarlos a todos; pero ésa era la parte de Florian, a ella le tocaba ser responsable.
Pasó al público, tan consciente de sí misma que casi no podía aguantarlo, odiaba ser responsable; y el tío Denys probablemente estaba nervioso. Volvió donde se erguía Florian, de pie junto a la cerca, y detuvo a la potranca porque él se estaba acercando para hablarle.
–¿Cómo voy? —preguntó Ari.
–Muy bien —respondió—. Golpéela una vez levemente con los talones cuando está caminando. Una vez, nada más. Mantenga firmes las riendas. Ese es el paso que sigue. No la deje ir más rápido de eso. Nunca la deje hacerlo si usted no se lo ordena.
–De acuerdo —asintió ella. Hizo caminar a la potranca, un golpecito, después un segundo.
A la potranca le gustó eso. Levantó las orejas y empezó a andar con un paso rítmico que era más difícil de seguir, pero Ari logró mantenerse. Su cuerpo empezó; recordar de pronto qué hacer con los movimientos más rápidos, encontró el equilibrio, recordó todo lo que Florian le había dado, como pasaba con la cinta.
Ella quería soltarse, Dios, quería hacerlo todo, y la potranca también, pero siguió en ese paso que la potranca consideraba suficiente y se detuvo en una parada impresionante justo frente a Andy y Catlin. La potranca estaba sudando, excitación, eso era todo; y golpeó con los cascos y cambió de posición en cuanto ella bajó mientras Andy sostenía el animal.
Todos estaban impresionados. El tío Denys estaba blanco como el papel, pero se portaba muy bien, de todos modos. Amy y los demás querían probar también pero Andy dijo que era mejor que la potranca no tuviera muchos jinetes en un solo día. Se marearía un poco. Florian dijo que podían ir cuando él estuviera ejercitando y que podían hacerlo de uno en uno, si querían.
Además, continuó Florian, la mejor manera de aprender cosas sobre los caballos era trabajar con ellos. La yegua iba a dar a luz otra vez y estaban haciendo otros dos genotipos totalmente distintos en los tanques; y con ésos tendrían siete caballos en total, ya no eran Experimentales, ahora eran oficialmente Animales de Trabajo.
De éstos, la potranca había sido la primera. Ari la palmeó, con fuerza, una palmada sólida; a la potranca le gustaba saber que la estaban tocando; y ella tenía olor a caballo en todo el cuerpo, pero le gustaba; le gustaba todo, incluso fue a darle un abrazo al tío Denys.
–Has sido muy valiente —le dijo al tío cuando lo abrazó, y en un impulso, lo besó en la mejilla y le sonrió. El olor se pasó a él también—. Tu conejito de indias favorito no se ha roto el cuello.
El tío Denys parecía totalmente sorprendido. Pero ella lo había murmurado.
–Incluso su misma entonación —dijo él, desequilibrándola a ella—. Dios. A veces eres extraña, jovencita.
IX
—Ahí está —dijo Justin cuando los resultados de la elección de Cyteen aparecieron en la pantalla—. Vídeo fuera —indicó al Cuidador—. Khalid.
Grant meneó la cabeza, y no dijo nada durante un largo rato.
–Bueno, es una manera muy rara de hacer negocios —comentó después.
–Los contratos de Defensa en el Departamento de Comercio, en Finanzas.
–Reseune también tiene contactos allí.
–Va a ser interesante.
Grant inclinó la cabeza, se pasó una mano por el cuello y descansó un momento. Pensaba, claro, que iba a pasar mucho tiempo, muchísimo tiempo hasta que cualquiera de los dos pudiera viajar a Planys.
O pensaba algo peor. Como el problema de la seguridad de Jordan.
–No parece factible que enreden tanto las cosas como para aprobar la nacionalización. Los otros Territorios se pondrían del lado de Reseune en esto. Y hay que ver cómo cambia Giraud la situación. Tiene gancho para hacer estas cosas. En realidad, él es Defensa. Nunca le vi una utilidad a ese hombre. Pero, por Dios, ahora quizá sea útil.
X
Era una de esas fiestas privadas, muy privadas, durante el fin de semana, toda la pandilla libre de escuela y de deberes, y la Regla consistía en no tomar ponche ni torta fuera del área de la Terraza y si alguien quería estar en pareja debía ir a la habitación de huéspedes o a la sauna a tomar duchas frías hasta que se le pasara la calentura.
Y hasta ahora, la amenaza de las duchas frías había bastado.
Estaban Stasi, Maddy, Amy, Tommy, Sam y un grupo de chicos nuevos. Los primos de Stasi, Dan y Mischa Peterson, sólo que Dan era Peterson-Nye y Mischa era Peterson, eran unos hermanos cuya madre los habría matado si se enteraba de que bebían alcohol, pero eso los hacía cuidadosos y nada más; y dos grupos de primos, Amy y Tommy Carnath; y Stasi, Dan y Mischa. Dan y Mischa tenían catorce y quince, pero estaba bien, se llevaban bien y hacían de todo menos beber alcohol.
En cualquier caso estaban emparejados, chicos y chicas, y Amy y Sam eran una pareja, y Dan y Mischa rondaban a Maddy, y Stasi y Tommy Carnath formaban otra pareja; y eso funcionaba bien.
En general eran fiestas muy agradables y tranquilas. Tomaban un poco de ponche o un poquito de vino, y lo más fuerte que hacían era ver cintas E, sobre todo aquellas por las cuales las madres los matarían si se enteraran de que las veían. Y cuando se emborrachaban un poco, se sentaban un rato en la oscuridad mientras pasaban las cintas y hacían lo que les daba la gana hasta que tenían que elegir entre la Regla o terminar la cinta.
–Mierda —dijo Ari finalmente cuando Maddy le preguntó—, hacedlo en el descansillo de la escalera, ¿qué más da?
Ella también estaba un poco borracha. Con bastante trank. Tenía la blusa abierta, sentía la corriente y finalmente se apoyó en Florian para mirar la cinta. Volvieron Sam y Amy, muy serios y decentes, y observaron lo que estaba pasando cerca del bar. Y Stasi y Tommy estaban todavía en la habitación sauna. Ari había mirado sobre todo las cintas o lo que hacían los otros chicos, y eso mantuvo a Florian y a Catlin fuera de todo.
—Tiene un mensaje —informó el Cuidador por encima del ruido de la cinta y la música.
–Ah, mierda. —Ella se puso en pie, se abrochó la blusa y bajó descalza por los escalones, por la alfombra del vestíbulo hasta su oficina, lo más recta y firme que pudo.
–Base Uno —dijo cuando cerró la puerta y se aseguró de que no llegaba el ruido de la sala de estudio—. Mensaje.
–Mensaje de Denys Nye: Khalid ha ganado la elección. Quiero verte mañana en la oficina. Ah, mierda. Ella se retrepó contra el respaldo de la silla.
–Mensaje para Denys Nye —dijo—. Allí estaré. El Cuidador tomó el mensaje.
–Fuera —dijo ella y salió para volver a la fiesta.
–¿Qué era? —preguntó Catlin.
–Después —murmuró ella y se acomodó de nuevo en su lugar, recostada contra el cuerpo de Florian.
Acudió a la oficina de Denys a las 0900 en punto, sin frivolidades ni estupideces, tomó una taza del café de Denys, con crema, sin azúcar y escuchó a su tío, que le dijo lo que ella ya esperaba, con el Silenciador haciéndole rechinar los dientes.
–Khalid asume el puesto esta tarde —dijo Denys—. Naturalmente, como él tiene su base en Cyteen, no hay un período de gracia o algo por el estilo. Se va con todo su equipaje. Y sus archivos secretos.
El tío Denys ya le había explicado lo que era Khalid. Lo que significaba la situación.
–¿No crees que me convendría tener acceso de vídeo? —preguntó ella—. Tío Denys, no me importa lo que tú creas que yo todavía desconozco. La ignorancia no ayuda mucho, ¿no crees?
El tío Denys apoyó el mentón sobre la palma de la mano y la miró un largo rato, como si estuviera considerándolo.
–Al final lo tendrás, deberás tener el acceso. Vas a recibir un resumen diario de lo que pase, como yo. Mejor será que te mantengas al día con ello. Parece que vamos a tener un desafío antes de que termine esta jornada. Probablemente van a hacer públicas algunas cosas de tu predecesora, lo más perjudicial que encuentren. Ésta va a ser una lucha política sucia, Ari. Muy sucia. Quiero que empieces a estudiar las cosas. Y quiero que vayas con cuidado. Sé que últimamente has estado haciendo muchas... —Tosió un poco—. Actividades de entretenimiento. Con chicos de menos de quince años, a unas horas en las que no creo que estéis jugando a la Guerra de las Galaxias. Mantenimiento afirma que mis sospechas son... —Otra vez se aclaró la garganta—. Que probablemente tienen fundamento.
–Dios. Te estás dejando llevar, tío Denys.
–Seguridad investiga todas las fuentes. Y mi nivel de acceso todavía es superior al tuyo. Pero no nos desviemos del tema. Eso no es lo que quería decirte. Mira Ari, los chicos normales de quince años no tienen tu independencia, tu madurez o tu presupuesto; y Novgorod en particular no va a entender tus... tus fiestas, tu lenguaje, tenemos que ser muy circunspectos. ¿Conoces la palabra?
–Sé lo que es «circunspecto», tío Denys, y sé lo que es «riesgo de seguridad». No estoy corriendo riesgos de este tipo. Si las madres de los chicos lo saben, no van a decir nada, porque quieren que sus hijos tengan carreras cuando yo esté al frente de Reseune. Probablemente hay muchas madres que querrían mandar a sus hijos a mi apartamento, incluso a la fuerza. Y a mi cama.
–Dios. No digas eso en Novgorod.
–¿Voy a ir allá?
–Por ahora no. Khalid acaba de asumir el cargo. Que él haga el primer movimiento.
–Ah, me parece una idea maravillosa.
–No te hagas la inteligente, sera. Que él marque la línea. Y mientras tanto, tú, joven sera, estudia un poco para ponerte al día. Mejor será que aprendas cómo es la vida de una niña normal de catorce años.
–Eso ya lo sé. Lo sé perfectamente. Aunque tal vez lo sabría mejor si mis amigos no hubieran Desaparecido en Fargone. ¿No te parece?
–No te portes así frente a las cámaras. Crees que es un juego, pero te aseguro que puedes perderlo todo. Ya expliqué lo de la nacionalización...
–No tengo problemas con las palabras complicadas.
–Veamos cómo te las arreglas con las fáciles. Ya no eres la dulce y pequeña Ari para las cámaras, cada vez te pareces más a la Ari que algunos recuerdan, te pareces lo suficiente para que te hagan preguntas muy duras y no sepas de dónde vienen los tiros, jovencita. Vamos a retrasar esto tanto como podamos y si te conseguimos otro año, probablemente tengas que pedir la mayoría de edad. Ése es el momento en que puede haber intereses que consigan una orden judicial para impedir que el Departamento de Ciencias te la conceda; y volverás a juicio, con una buena oportunidad para ganar: la primera Ari ganó a los dieciséis. Pero eso no solucionará el problema, lo único que conseguirás es poner a la oposición en evidencia por atacar a una chica de quince años que tiene que desenvolverse con más delicadeza de la que estás usando actualmente, joven sera.
–Estoy aprendiendo.
–No tienes otra alternativa. El tiempo se nos echa encima. La amiga de tu predecesora, Catherine Lao, que te ayudó más de lo que te imaginas, tiene ciento treinta y ocho años. Giraud está llegando a los ciento treinta. Tu presencia, el parecido que guardas con tu predecesora, es como una inyección de adrenalina para algunos cancilleres, pero tendrás que ofrecer algo más que presencia esta vez. Si cometes un error, tal vez veas cómo el gobierno devora Reseune, y Defensa la declara zona militar, inmediatamente. Tendrán un pretexto antes de que se seque la tinta. Pasarás los días trabajando en lo que ellos te ordenen. O estarás en un lugar pequeño y aislado sin acceso a Novgorod, sin acceso al Concejo ni al Departamento de Ciencias.
Ella miró a Denys directamente a la cara y pensó: No has manejado bien las cosas entonces. Si no, ¿por qué estamos metidos en este lío?
Pero no lo dijo. En cambio se justificó:
–Base Uno no me deja ir más rápido de lo que voy, tío Denys.
–Intentemos otra palabra difícil —dijo Denys—. Psicogénesis. Ésasí era nueva.
–Originado en la mente —dijo ella, recordando sus raíces griegas.
–Originar una mente. Clonación mental. ¿Me entiendes ahora?
Ari sintió que un escalofrío le recorría la espalda.
–¿Qué tiene que ver eso con todo lo demás?
–El parecido entre tú y Ari. Te voy a dar otras palabras para preguntarle a la Base. Bok. Endocrinología. Gehenna. Gusano.
–¿De qué hablas? ¿Qué quieres decir con eso del parecido?
El sonido del escudo de protección le lastimaba los dientes.
–No grites —dijo Denys—. Nos vas a ensordecer del todo. Quiero decir lo que siempre te he dicho. Que tú eres Ari. Y voy a decirte otra cosa. Ari no murió de causas naturales. La mataron. Ella contuvo la respiración.
–¿Quién lo hizo mierda?
–Cuidado con tu lenguaje. Mejor será que lo limpies un poco, Ari. A Ari la mató alguien que ya no está en Reseune.
–¿Murió aquí?
–No te voy a decir nada más. El resto es problema tuyo.








